Orlando Gill y el recuerdo de su primer entrenador en San Lorenzo: «Se notaba que era muy humilde, pero por algo le decían el ‘Courtois paraguayo’»
Escuchar esta noticia
Powered by Evolucion Streaming
x1
Orlando Gill es el protagonista del momento en el Mundial y en Paraguay tras atajar dos penales en la definición que dejó fuera a Alemania y aseguró la histórica clasificación a octavos de final para la selección guaraní. La sólida actuación del arquero de San Lorenzo durante los 120 minutos de juego le valió el reconocimiento internacional, y ahora su equipo enfrentará a Francia en la siguiente fase del torneo. Sin embargo, el camino de este gigante de 1.98 metros no estuvo exento de dificultades desde sus inicios.
En esos primeros pasos, Marcelo Álvarez fue uno de los entrenadores que se convirtió en un apoyo fundamental para Gill. En exclusiva con Clarín, el hombre que lo descubrió detalló el discreto proceso que atravesó el arquero, nacido en San Lorenzo, una ciudad del Departamento Central, a 9 kilómetros de Asunción y conocida como «la capital del tereré», hasta llegar al Mundial. “Es un pibe muy tímido, parecido a los chicos del interior de nuestro país”, comenzó Álvarez, encargado de trabajar con los arqueros en las categorías juveniles y en el plantel de Reserva del Club Atlético San Lorenzo de Almagro.
Mucho antes de convertirse en el héroe de Paraguay y detener los tiros de Kai Havertz y Nick Woltemade, Gill estuvo casi seis meses inhabilitado en el club de Boedo, a la espera de una oportunidad.
Cuando llegó al fútbol argentino en 2023, procedente de Paraguay Sportivo San Lorenzo, el club tenía al límite las inscripciones, por lo que fue apartado. “Iba a entrenar todos los días, sabiendo que no iba a poder participar en ningún juego oficial. Para un jugador no es fácil. El campeón siempre tiene muchos amigos, pero detrás hubo todo un proceso de él”, relató Álvarez a Clarín.
Marcelo recuerda con afecto aquellos primeros meses en la concentración. “No sé si fue la persona que lo manejaba, pero recuerdo que las primeras semanas apareció en un Mercedes Benz, que era más grande que el espacio asignado para el estacionamiento, y le dije ‘mirá que hay que llenarle el tanque a eso’. Él se reía, pero pasaron cinco o seis meses y ya vino en un Gol en el que casi ni entraba, porque mide un metro noventa y ocho”, contó entre risas.
Sin videos de referencia ni estadísticas, el cuerpo técnico liderado por Leandro Romagnoli decidió confiar en el proceso. “No tenía recorrido, no había informes de él. Realmente era una apuesta. Nos parecía un muchacho con mucho potencial, con un biotipo imponente”. No fue casualidad que algunos comenzaran a llamarlo “el Courtois paraguayo”.
Álvarez recuerda el debut de Orlando en la Reserva de San Lorenzo. “Su presentación generó una expectativa tan grande que terminamos de entrenar, cerca del horario del partido contra Argentinos Juniors, y con dos miembros del cuerpo técnico nos fuimos en auto a ver el encuentro. Lo hizo muy bien, creo que ganamos 2 a 1”.
“Un día fuimos a jugar un amistoso a la cancha de Tristán Suárez, donde el campo de juego no estaba en las mejores condiciones. Cuando le dieron un pase hacia atrás, la pelota se le fue por debajo del pie y llegó a darle el manotazo, pero el árbitro cobró gol, aunque no creo que haya entrado la pelota. Era apenas el segundo partido en el que lo poníamos”, agregó.
“Cuando volvíamos, todos se preguntaban si ‘¿el paraguayo este serviría o no serviría?’, pero yo les decía que sí, que prestaran atención al estado de la cancha porque no se pueden tomar decisiones basándose en errores puntuales, algo que hoy se hace bastante, incluso en el Mundial”, explicó.
De la mano de Gill, el equipo se clasificó a los playoffs e incluso disputó la final del torneo ante River Plate en el Estadio Ciudad de Vicente López. Tiempo después, el arquero protagonizó otra gran actuación contra River, esta vez con el plantel profesional. “Se podría decir que fue el puntapié inicial”, afirmó Marcelo.
Cuando Orlando arribó a San Lorenzo, su representante le explicó a Álvarez que el joven arquero nunca había entrenado diariamente y le pidió que fuera exigente. “Es muy obediente, al principio estaba obnubilado por poder trabajar en un equipo de primera división”, detalló.
En las vísperas del partido con Alemania, José Luis Chilavert cuestionó la personalidad y el carácter de Gill dentro del campo. “Es un muchacho de una humildad muy manifiesta, y hasta parece medio parco, pero es su manera de ser. No voy a entrar en polémicas con el gran Chilavert, que además fue compañero mío, pero Orlando hablaba bastante. Le faltaba cultura táctica”, sostuvo Álvarez.
“Desde ahí siempre fue de menor a mayor; incluso en los partidos en Primera División, siempre lo he seguido. Uno crea esa relación con los jugadores que ha entrenado. Me pica el bichito de ver cómo está jugando. A pesar de que Paraguay juega a las diez de la noche y yo me levanto muy temprano, lo he visto todo el Mundial”, añadió.
Álvarez recordó: “El último mensaje se lo mandé cuando debutó en la Selección. Le dije que se lo merecía, que se había ganado muy bien todo esto que le está sucediendo, ahora que está muy contento con su familia y se han podido acomodar, porque al principio no tenía grandes comodidades”.
Melissa Ávalos, pareja de Gill, compartió un emotivo mensaje en sus redes sociales tras la clasificación, en el que recordó los momentos más difíciles de ambos. Cuando aún